TALKS
Entrevista con Alicia Padrón
Estilista, trend hunter y madre, @aliciapadron_ reúne una mirada editorial muy afinada, una gran sensibilidad estética y una forma especialmente consciente de entender cómo vivimos, cómo nos vestimos y cómo elegimos los objetos que nos rodean.
En esta conversación nos habla de la llegada de la maternidad en un momento en el que tanto su identidad como su carrera ya estaban muy construidas, del reto de reorganizar el día a día y de aprender a vivir cada etapa como algo único e irrepetible. Desde su ritual matutino de cantar What a Wonderful World hasta esa nueva confianza en la intuición, Alicia reflexiona sobre cómo ser madre ha transformado su relación con el tiempo, las prioridades y la creatividad.
Su forma de entender los interiores es igual de personal: espacios sencillos, cálidos y en constante evolución, donde la madera, el arte, los libros y los recuerdos van dando forma poco a poco a un hogar que se siente más como un refugio que como una composición terminada. Nobodinoz encuentra su lugar de manera natural en esta visión, con piezas que combinan materiales duraderos, tejidos gráficos y ese punto de curiosidad capaz de crecer junto a un niño.
Como estilista, traslada esa misma sensibilidad a la moda infantil. Hallazgos vintage, pequeñas marcas independientes y prendas especiales sustituyen la idea de vestir a los bebés siguiendo una estética demasiado definida. En su lugar, hay espacio para la imaginación, la personalidad y la libertad propia de la infancia.
Hablamos de maternidad, creatividad, interiores vividos, moda infantil, de redescubrir Madrid con otros ojos y también de esos momentos que le gustaría poder congelar para siempre: las noches tranquilas, su bebé dormido sobre su pecho y esa sensación tan instintiva de convertirse en refugio para otra persona.
La llegada de un bebé impone un ritmo de vida completamente distinto, a menudo marcado por una pausa muy necesaria. ¿Cómo estás abrazando esta nueva velocidad y qué es lo que más estás disfrutando de esta etapa?
Esta etapa puede resumirse en dos palabras: supervivencia y perseverancia. Cuando la maternidad llega en un momento en el que tu identidad y tu carrera ya están construidas, el reto no es empezar de cero, sino aprender a reorganizarlo todo. Hay un concepto japonés, ichigo ichie, que habla de la importancia de vivir cada instante como algo irrepetible. Es una filosofía que he acabado adoptando: si proyectas demasiado hacia delante, la sensación de desbordamiento es inevitable; si piensas únicamente en el día que tienes delante, consigues disfrutarlo.
Y tengo un pequeño ritual que, aunque suene a cliché, me funciona de verdad. Cada mañana, al despertar, le canto a mi hijo What a Wonderful World. (¡Jajaja!) Es mi ejercicio de meditación antes de empezar el día. Sorprendentemente, me ayuda muchísimo.
Tienes un estilo sumamente personal, audaz y con un gusto exquisito. ¿Cómo se traslada esa personalidad tan tuya al diseño de interiores de tu casa?
Me gustan los espacios simples, que evolucionan con quienes los habitan. Pienso la casa como un marco en blanco donde ir añadiendo piezas de arte, libros, postales y recuerdos, en lugar de espacios excesivamente diseñados donde parece que ya no queda nada por incorporar. Compramos la casa hace un par de años y me gusta pensar que su identidad se irá construyendo con el tiempo.
Siempre vuelvo a la madera y a los materiales cálidos. Me interesa mucho esa idea de la arquitectura orgánica de Frank Lloyd Wright, donde la casa no compite con el paisaje, sino que convive con él. La nuestra está rodeada de árboles y tiene muchísima madera, así que muchas veces siento que vivimos en una pequeña casa en un árbol. Esa sensación de refugio, con objetos a los que acudir para divertirse, es la que me gustaría que mi hijo recordara de su infancia.
La industria de la moda es apasionante, pero exige una gran dedicación. ¿Cómo te preparas para el reto de equilibrar la intensidad de tu carrera como estilista con esta nueva etapa personal y qué es lo que más te motiva de hacer convivir ambos mundos?
Siempre he pensado que las limitaciones agudizan la creatividad. Cuando añades una nueva capa de complejidad a tu vida, aprendes a organizarte mejor y a aprovechar cada minuto del día. La maternidad me ha obligado a ser más eficiente y a confiar más en mi intuición.
He leído acerca de los estudios en neurociencia sobre cómo la maternidad transforma el cerebro, un proceso conocido como matrescencia. No creo que te haga pensar mejor ni peor, sino de otra manera: con mayor capacidad para distinguir lo esencial del ruido. En una profesión como la moda, que cada día exige cientos de decisiones visuales, esa claridad mental se ha convertido en una herramienta muy valiosa.
El universo “bebés” a menudo supone un reto para quienes tenéis una estética más vanguardista. ¿Qué es lo que más te gusta de las piezas de Nobodinoz que has elegido para tu casa y por qué las has elegido?
Me interesaba rodear al bebé de objetos que no pertenecieran únicamente al universo infantil, sino que también formaran parte de nuestra casa. Creo que la sensibilidad estética se desarrolla desde muy pequeños y me gusta que crezca entre piezas con identidad, como son todos nuestros libros y discos. Como Bruno Munari, que defendía que el diseño debía despertar la curiosidad de los niños.
Lo que más me atrajo de Nobodinoz fue esa combinación entre piezas robustas y duraderas de madera y textiles de colores vivos con estampados gráficos. Creo que forman parte de mi forma de entender la estética.
Acostumbrada a los mejores armarios de editorial, ¿cómo es tu proceso de curaduría a la hora de vestir y elegir las piezas para tu bebé? ¿Buscas funcionalidad pura o no te resistes a crear ‘micro-looks’?
He abierto una compuerta nueva con la moda infantil. Intento no recurrir a las grandes marcas de retail porque creo que la ropa también construye identidad desde la infancia. Nuestras madres llevaban prendas que habían cosido nuestras abuelas; hoy es fácil comprar un body del que se han producido cientos de miles de unidades. Me interesa recuperar, de alguna manera, ese concepto de one of a kind.
Me encanta buscar piezas vintage de finales de los sesenta y principios de los setenta, muchas veces procedentes de antiguos stocks sin estrenar, o descubrir pequeñas marcas que producen de forma responsable. Siempre tengo en mente la portada de The Hangman's Beautiful Daughter, de The Incredible String Band: no me interesa vestir a los bebés como pequeños adultos, sino preservar esa libertad y esa fantasía propias de la infancia.
También me gusta descubrir marcas que antes de tener un bebé no conocía, como Lille, Hello Simone, Charco, Sol Sol Kids, Studio Zeewier o Hvid. Creo que la moda infantil está viviendo un momento muy interesante. Hace 10 años solo había casi una forma de vestir a los bebés.
Han pasado solo unos meses desde la llegada de tu bebé. Si pudieras congelar un instante maravillosamente real de vuestra vida actual en casa, ¿cuál sería ese momento?
En general, las noches. Aunque el sueño interrumpido ha sido duro, hicimos co-sleeping desde el primer día y ahora, al mirar atrás, me doy cuenta de que esos momentos con mi bebé dormido sobre mi pecho son los que más querría congelar. Hay algo muy primitivo y muy difícil de explicar en esa sensación de ser refugio para otra persona solos en el silencio de la noche.
Como experta cazadora de tendencias, ¿cuáles son tus hotspots favoritos en la ciudad para disfrutar de un fin de semana con tu bebé a tu gusto?
Creo que no se trata tanto de descubrir sitios nuevos, sino de ver a través de nuevos ojos los que ya conoces. Es una sensación maravillosa. Pasear por la Casa de Campo o el Campo del Moro para ver los pavos reales. También me gusta visitar grandes museos con espacios amplios y obras de gran formato y mucho color, como la nueva extensión de arte contemporáneo español del Reina Sofía. Normalmente llevamos al bebé en porteo, lo que nos permite seguir haciendo este tipo de planes con bastante libertad.
Cuando busco algo más pequeño, siempre paso por galerías como Travesía Cuatro, Ryder, Ehrhardt Flórez, Belmonte o El Chico. También disfruto llevándole a espacios donde puede quedarse mirando los techos y la luz, como el Palacio de Cristal o la ermita de San Antonio de la Florida, con los frescos de Goya.
Y siempre algún café o restaurante nuevo por la zona de Madrid Río, donde vivo, como Nofin, 36, María del Río, Obrera o Clamore.






